martes, 4 de marzo de 2014

En directo.

Satisfacción. Esa satisfacción, esa adrenalina que se te sube a lo largo del esófago como el fuego que prende una cerilla en un  tanque lleno de gasolina. La adrenalina que puedo llegar a sentir cuando sé que está cerca, que voy a sentir sus manos sobre mí, sus labios sobre los míos. Satisfacción de haber encontrado a alguien que no pida más de lo que da. Impotencia. Esa impotencia, esa carencia que se te baja desde la cabeza hasta la zona izquierda del pecho. Impotencia al darte cuenta de que aunque quieras más, no todos los deseos se cumplen, y algunas personas no son simples marionetas que puedes manejar. Son dos aspectos que sientes cuando la persona que quieres lleva los motivos de tu sonrisa tras esos ojos color cielo y esos labios finos y cortantes. Saber que busca lo que uno puede darle, ofrecerle, demostrarle, dedicarle, etc... Es una satisfacción porque sabes que puedes si te lo propones pero, a la vez una impotencia por no poder hacer nada al respecto. No es  por falta de huevos. Es por que el barco zarpó hace tiempo de mi muelle y yo sigo sentado con mi mejor indumentaria  y mis cigarros, a que vuelva ese barco alguna vez.

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