lunes, 10 de noviembre de 2014

Efecto tunel

Casi sesenta dias leyendo libros desde mi vuelta a Granada. Libros que además de aportarme un vocabulario retro, del siglo pasado, me hacian pensar respecto a que no necesitas ninguna persona para ser feliz. O lo que es mejor aun y saqué más claro. No puedes hacer feliz a ninguna persona si no eres feliz primero contigo mismo. Esa es la teoria. Cuando quise ponerlo en práctica no salió como esperaba. No por el alcohol o los cigarrillos que lo acompañaban. Eso no tenía nada que ver. Más bien era por el modo en que la miraba y que al mirarme ella, era como... como encontrarme. No existen metáforas para esto. Y si existe es que no lo sientes tanto como lo sentí yo. Yo la miraba mientras entablabamos conversación ( que menos, es de eduación mirar a una persona cuando se le habla a los ojos), y se hacía un efecto tunel, no podía ni mirar hacia los lados porque no había nada, ni hacia arriba ni hacia abajo, solo al frente, a ella. No la miraba porque era guapa, eso ya lo sabía el entorno que la conocía y o los que la acababan de conocer. Básicamente era porque leía en su rostro que necesitaba un abrazo de esos que te rellenaban por dentro como la taza caliente de café por la mañana. Un fogonazo. Lo curioso fué que más que ella, era yo quien necesitaba un abrazo. Pero solo el suyo, no me servía otro. 

Lo que conocía de ella era lo que el tiempo me había dado. Era un desconocido para ella como supongo que tambien lo sería yo. Desconocidos que, estaban en un lugar reunidos con los demás y que no teniamos otra misión que pasarnoslo bien y que la botella se quedase completamente de cristal. Y coincidimos muchas noches pero esa noche no era otra noche. No era otra persona más, no ella , si no yo. Por primera vez en lo que tengo uso de sentimientos, puedo decir, que me quedé limpio. 

Tanto fracasos amorosos daban que pensar, y discrepando de los comentarios de mis mejores amigos que tenian la firme idea de que el problema eran las "zorrillas" de turno con las que había salido, decidí enfocarlo asimilando que el problema debía de ser mío. No de ellas. Y me puse a leer, leer y más leer. Entretenía. Y despues de casi dos meses leyendo y leyendo obras maestras del siglo anterior sobre que no necesitas a nadie más para ser feliz, y que yo, tan orgulloso y creyendo en esa idea con firmeza, se me derrumbó en lo que son cinco o diez segundos. Todo lo que he leido en dos meses se volvió ceniza cuando la miré a los ojos. Ceniza, Inexistencia, innecesario. 

Es simple, podría ser feliz conmigo mismo y creer que a raiz de ahí puedo hacer feliz a los demás. Pero lo que a mi me hace feliz conmigo mismo es ver como sonrie estando a centimetros de mi. Y como la instalo en mi pecho mientras la abrazo. Y como la beso después. Y como vuelvo a casa con el cigarro del camino pensando en ella. Como un Romeo contemporaneo.  

viernes, 24 de octubre de 2014

Granada

 La unica imagen que me viene a la cabeza,  casi como si la viviera, son sus ojos, con las pupilas dilatadas de la noche, segundos antes de acercarme y besarla. Sus ojos, y más bien su ojo izquierdo. había tanta cercanía entre nosotros que costaba verle el rostro entero. Tampoco me hacía falta, ya sé como es. Y os diré que no necesitaba aire para respirar en aquel momento. El aire del que requería mis pulmones era mas prescindible que sus labios.

Te diré que no amo a esa chica, ni que la quiero, porque es de locos amar a alguien cuando lo  has visto en un mes escaso y en contadas ocasiones. Pero si te diré que amo esa timidez que tiene al no saber con que tema empezar una conversación. Te diré que que en tres cuarto de minuto, 45 segundos, ella me habla, conversa, al principio por no estar callada, despues porque se siente agusta o eso entiende mis cuatro sentidos. El quinto solo lo he probado una vez y espero que no sea la ultima. Mis labios no entienden de despedidas.

Te diré que me siento feliz con el codazo de " eh, te has pasado con tu comentario pero no pares" a los 20 minutos de conversacion. El típico chiste, la gracia que mi personalidad abarca para hacer cómoda a la persona con la que paseo, por así decirlo. Quizás la vea mañana, quizás no. Pero la abrazaría no porque lo necesite, si no porque lo necesito yo.

Cualquier persona se vuelve única cuando crees que es la correcta. Eso nos ha pasado a todos. Pero solo lo he hecho posible engañándome a mi mismo. Por querer hacer feliz a alguien en especial. Pero ella, no es que sea otra, es que es la que me despersonaliza, me bloquea y me hace sacar una timidez que no es normal en mi. E improviso, como quien toca un solo de guitarra en un concierto. Porque no me queda otra, o la hago sonreir o me vuelvo a casa esperando una cama en la que nadie va a dormir.

Soy feliz conmigo mismo, es decir, no necesito a otra persona para ser feliz. Pero hacerla reir me llena. Y si me llena, me da motivos para despertarme por las mañanas y dormir intranquilo por las noches. Yo lo veo bien, no todo es perfecto. Pero puedo soportarlo.

Nunca sé que será de mi, un día soy una persona y otro día otra. Depende de la persona que me encuentre con un exceso de tristeza que hay que parar, como una hemorraguia. Me cansaré a veces de sofocar tristezas y arquear sonrisas, pero ya os lo he dicho desde el principio. Puedo abrazar a muchas personas porque lo necesitan y ellas devolvermelo, pero solo hay un abrazo que necesito, y es el de una persona, en especial, por lo que va todo este texto- sentimental, nostálgico- que he escrito hoy. Tenía que soltar un par de cosas que ni spotify ni ningun programa podía subsacarmelo.

No sé " es un comienzo Ted" es lo único que puedo decirme. Y me toca esperar, a poder coincidir con ella. Pero a la pregunta de que si podría verla cada día... Es que no hace falta repuesta.

     Ted.                                                                      
.

martes, 4 de marzo de 2014

En directo.

Satisfacción. Esa satisfacción, esa adrenalina que se te sube a lo largo del esófago como el fuego que prende una cerilla en un  tanque lleno de gasolina. La adrenalina que puedo llegar a sentir cuando sé que está cerca, que voy a sentir sus manos sobre mí, sus labios sobre los míos. Satisfacción de haber encontrado a alguien que no pida más de lo que da. Impotencia. Esa impotencia, esa carencia que se te baja desde la cabeza hasta la zona izquierda del pecho. Impotencia al darte cuenta de que aunque quieras más, no todos los deseos se cumplen, y algunas personas no son simples marionetas que puedes manejar. Son dos aspectos que sientes cuando la persona que quieres lleva los motivos de tu sonrisa tras esos ojos color cielo y esos labios finos y cortantes. Saber que busca lo que uno puede darle, ofrecerle, demostrarle, dedicarle, etc... Es una satisfacción porque sabes que puedes si te lo propones pero, a la vez una impotencia por no poder hacer nada al respecto. No es  por falta de huevos. Es por que el barco zarpó hace tiempo de mi muelle y yo sigo sentado con mi mejor indumentaria  y mis cigarros, a que vuelva ese barco alguna vez.