Casi sesenta dias leyendo libros desde mi vuelta a Granada. Libros que además de aportarme un vocabulario retro, del siglo pasado, me hacian pensar respecto a que no necesitas ninguna persona para ser feliz. O lo que es mejor aun y saqué más claro. No puedes hacer feliz a ninguna persona si no eres feliz primero contigo mismo. Esa es la teoria. Cuando quise ponerlo en práctica no salió como esperaba. No por el alcohol o los cigarrillos que lo acompañaban. Eso no tenía nada que ver. Más bien era por el modo en que la miraba y que al mirarme ella, era como... como encontrarme. No existen metáforas para esto. Y si existe es que no lo sientes tanto como lo sentí yo. Yo la miraba mientras entablabamos conversación ( que menos, es de eduación mirar a una persona cuando se le habla a los ojos), y se hacía un efecto tunel, no podía ni mirar hacia los lados porque no había nada, ni hacia arriba ni hacia abajo, solo al frente, a ella. No la miraba porque era guapa, eso ya lo sabía el entorno que la conocía y o los que la acababan de conocer. Básicamente era porque leía en su rostro que necesitaba un abrazo de esos que te rellenaban por dentro como la taza caliente de café por la mañana. Un fogonazo. Lo curioso fué que más que ella, era yo quien necesitaba un abrazo. Pero solo el suyo, no me servía otro.
Lo que conocía de ella era lo que el tiempo me había dado. Era un desconocido para ella como supongo que tambien lo sería yo. Desconocidos que, estaban en un lugar reunidos con los demás y que no teniamos otra misión que pasarnoslo bien y que la botella se quedase completamente de cristal. Y coincidimos muchas noches pero esa noche no era otra noche. No era otra persona más, no ella , si no yo. Por primera vez en lo que tengo uso de sentimientos, puedo decir, que me quedé limpio.
Tanto fracasos amorosos daban que pensar, y discrepando de los comentarios de mis mejores amigos que tenian la firme idea de que el problema eran las "zorrillas" de turno con las que había salido, decidí enfocarlo asimilando que el problema debía de ser mío. No de ellas. Y me puse a leer, leer y más leer. Entretenía. Y despues de casi dos meses leyendo y leyendo obras maestras del siglo anterior sobre que no necesitas a nadie más para ser feliz, y que yo, tan orgulloso y creyendo en esa idea con firmeza, se me derrumbó en lo que son cinco o diez segundos. Todo lo que he leido en dos meses se volvió ceniza cuando la miré a los ojos. Ceniza, Inexistencia, innecesario.
Es simple, podría ser feliz conmigo mismo y creer que a raiz de ahí puedo hacer feliz a los demás. Pero lo que a mi me hace feliz conmigo mismo es ver como sonrie estando a centimetros de mi. Y como la instalo en mi pecho mientras la abrazo. Y como la beso después. Y como vuelvo a casa con el cigarro del camino pensando en ella. Como un Romeo contemporaneo.







0 comentarios:
Publicar un comentario